| Fecha de publicacion 07/09/2010 | ||||||||
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06/09/2010 Para leer y reflexionarLa lectura de la buena literatura nos permitirá pensar y elegir libremente evitando equivocaciones y resentimientos.- Si albergamos a estos últimos no podemos avanzar en la vida. Ana Ardaiz de Rosenfeld. 06/09/2010 Atlas de Geografía Humana(fragmento) (fragmento) Entonces empezaba a venirme abajo, y como me conocía, y conocía las secuelas de aquel silencio inmenso hasta en sus rítmicas interrupciones, me atrincheraba en un libro para escapar a una desolación que el domingo por la noche, cuando no me quedaba más remedio que dejar de leer para levantarme del sofá e ir a hacer la cena, me seguía esperando sobre las baldosas de la cocina, herida de muerte ya, pero viva todavía. Cuando no saben de qué modo contestar a cualquier pregunta comprometida, los novelistas suelen decir que la vida es la única novela verdadera. Si tuvieran razón, que yo creo que no la tienen, a mí me habría tocado vivir dentro de uno de esos soporíferos experimentos que intentan demostrar que se puede escribir un libro en el que no pase nada, alrededor de un protagonista al que no le sucede nada. Hasta el autor más riguroso, más empeñado en ese estúpido propósito, se espantaría de aburrimiento si alguien le obligara a leer mi vida. Por eso, porque no se parece en nada a una novela, necesito los libros. Para que me anclen precisamente a la vida. Ellos han estado ahí desde siempre, al alcance de la adolescente con esperanzas, de la filatélica descreída, de la modista inconstante, de la gimnasta nocturna, libros inverosímiles, realistas, fantásticos, atroces, crónicas de una vida que no conoceré, la vida auténtica a la que he podido asomarme sólo desde sus páginas, un vértigo que pasa factura los domingos por la noche, cuando me doy cuenta de que he invertido otro fin de semana, un fin de semana más, con todas sus horas, en vivir una novela, otra novela, que no es la vida, no es mi vida. No tengo suerte. Como no la tuvo mi abuela, como no la tuvo mi tía Piluca, ni la tuvo mi madre, que llegó a poseer, sin embargo, muchas más cosas que yo. Pero jamás lo reconoceré en voz alta, y menos ahora, cuando he alcanzado una edad suficiente para que mis reclamaciones se precipiten por su propio peso más allá de la frontera del ridículo. Me ha tocado en el mundo feliz que ha liquidado la decrepitud, las taras y la soledad, y por eso, no soy una solterona, sino una unidad familiar unipersonal. Las solteronas ya no existen, son solamente mujeres solas. Yo estoy mucho más que sola, pero tampoco me siento agraviada por el progreso porque, al menos, la informática acabó acudiendo en mi ayuda, tan tardía como eficaz. Cuando me asusto del tiempo que llevo leyendo, puedo levantarme y encender el ordenador, y viceversa. He llegado a pensar seriamente en el sexo virtual sin sentirme sucia ni loca por dentro. Almudena Grandes 06/09/2010 El arte de leer ¿Es un trabajo la lectura? Valéry Larbaud la llama el vicio impune y Descartes, por el contrario, dice que es una conversación con gentes más honradas de los siglos pasados. Ambos tienen razón. |
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GUALEGUAY AL DIA Director: Gustavo Carbone |
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